The Zone - The 70s

2| hacking the zone | bones ‘n’ ribs
buy The Zonebuy This Chapter

3-abril-2020

Los “bones ‘n’ ribs” son el instrumento comunicacional más radical que ha llegado a ponerse en marcha. Un sistema creado para burlar aduanas, cruzar fronteras.
Explorar la historia de su desarrollo es explorar los límites de La Zona.
Las fronteras que protegen y definen La Zona.

4-abril-2020


Para un observador occidental no es fácil asomarse a la intrahistoria de lo que fueron los años 70 tras el telón de acero, la mayor parte de la documentación que tenemos a nuestro alcance está creada por personas que eran muy infelices en esos años, en ese contexto. Por otra parte todo apunta a que en el día a día debía ser muy deprimente, cuando no terrorífico, tras el telón de acero. A no ser que hubieras sido convenientemente programado psicológicamente, es decir, si tu naturaleza ya no era la del rebelde. Y no olvidemos de que hablamos de los famosos años 70, en los que todo el mundo, en occidente, era rebelde. ¿Todo el mundo?, bueno no todos, Nixon, desde luego, no era un rebelde. Pero el esquema de comportamiento, la moda en definitiva, era la rebeldía. Ahora imagina que eres una autoridad soviética y que tienes como objetivo operacional el mantenimiento de un estándar de comportamiento “sovieticus”, es decir, que has decidido que en tu universo psicológico sólo es correcto aquello que tu consideras correcto. Y además te amparas para demostrarlo en un corpus hermeneútico tan complejo y oscuro como lo es la obra de Engels y Marx, la cual es tan profunda y amplia que, sin duda alguna puede servir para justificar cualquier cosa, tal y como sucedió en la época soviética. Algo, por otra parte, que no debería sorprendernos pues hoy en día nos está sucediendo a nosotros, no con el marxismo claro, que ha quedado olvidado tras los mugrientos estantes de las desérticas facultades de filosofía, sino con la microbiología, la genética o el análisis informacional del big data. Entender el marxismo o entender la física cuántica es, y ha sido siempre, un acto quasi teológico. Primero hay que tener fe. Después estudiar para corroborar la fe. En definitiva el panorama que se abría en el horizonte para el dirigente soviético de finales de los 60 y principios de los 70, más allá de sus fronteras, en el variopinto y destartalado occidente era exactamente el contrario al que su anhelo de control de masas deseaba. Una ola de inconformismo, la ruptura del orden burgués protestante en el que se había basado la ética de las naciones occidentales, un 57 manifiesto desdén por la autoridad, una loca tendencia a la promiscuidad, a la falta de higiene, al placer, un enloquecido y divertidísimo “momento psicológico psicotrópico colectivo”. Y claro, una fulgurante aceleración de las creencias más recónditas, locas, antropológicamente ignoradas desde siempre por el racional occidente, del que, en los 70, iba quedando cada vez menos. Mucho menos. Así que viendo el panorama no es de extrañar que la gerontocracia soviética se andase con pies de plomo a la hora de permitir cualquier cosa que pudiera relacionarse con la libertad. De hecho se daba la paradoja de que gran parte de la rebeldía occidental era prosoviética o prochina. Sobre todo anticapitalista. Y eso es lo que parece ser que más terror les daba a los soviéticos, y, por cierto, a los chinos. Paradójicamente. Desde luego que ni el cine alternativo de la contracultura occidental ni la inmensa ola que suponía el rock and roll iban a ser permitidas en la zona del homo sovieticus. Música clásica, Remeros del Volga y cantos tradicionales georgianos que, no en vano, era la patria del gran bigote que llamamos Stalin, constituían la mejor alternativa para el tocadiscos alemán o checoslovaco que casi todas las familias rusas tenían en casa. Por lo demás, el inmenso muro de sonido, (por mencionar a los Deads, que eran hippies entre los hippies) del que brotaba el rock and roll, emitía música y ruido a un volumen tan brutal que era imposible crear barrera alguna que pudiera acallarlo. De hecho, aunque muy bajito, su sonido era audible tras el telón de acero. Muy bajito, en mono generalmente, sin los graves, apenas audible. Y, aún así, llegaba. En la tierra de la igualdad también había clases sociales. De hecho había dos clases sociales. Quienes podían salir de la URSS y quienes no podían. Entre los primeros, deportistas, músicos, miembros de cuerpo diplomático y cineastas. Uno de ellos era Tarkovski que viajaba a Occidente, desde 1966, con cierta regularidad. Y, entre los segundos, por supuesto, la inmensa mayoría de la población para quienes el casi infinito mundo soviético con sus intrincadas normativas y absurdos sinsentidos constituía el universo visitable, La Zona. 58 El problema es que en occidente estaba sucediendo algo muy raro y por muchas trabas que les pusieses a los soviéticos que viajaban a Occidente era imposible que no se diesen cuenta de ello. Así que tras unos pocos días en Europa, pongamos por caso en 1969 o 1970, era imposible no escuchar en la radio, en cualquier radio, “Whole Lotta Love” de los Zeppelin, imposible, literalmente. Ahora veamos qué le sucede al homo soviéticus cuando, con el oído acostumbrado a Rachmaninoff, Bach y los Remeros del Volga le exponemos a la brutalidad de “Whole Lotta Love”. Nos hubiera gustado saber qué le pasó a Tarkovski por la cabeza pero no ha sido posible, su único comentario sobre el rock and roll en su autobiografía es de 1980 cuando le recrimina a su hija adolescente que se haya ido a vivir con un rockero de pelo largo, y lo hace en un tono muy despectivo, más propio de un señor mayor de occidente que de un indignado homo sovieticus. Porque obviamente Tarkovski no era un homo soviéticus pero sí una persona muy conservadora. Tampoco a la mayoría de los señores y señoras de la clase media europea les gustaba el rock, me temo. Era cosa de jóvenes. Y un reducido pero no desdeñable grupo de jóvenes soviéticos se vieron expuestos al brutal sonido de los Zeppelin, entre otros abismos sónicos que estaba produciendo Occidente. Vladislav Shabalin (no sé si sigue vivo), habitaba hace unos años en Udine, en Italia. Él es uno de aquellos jóvenes que pasaron de los coros georgianos y los Remeros del Volga a, de golpe, los Zeppelin.

Ruslan Bogoslowski divenne un vero e proprio eroe nella Russia dell’epoca. Ma lui e il suo gruppo di “ribelli”, conosciuti come i Golden Dogs, non passarono inosservati ai mastini del governo russo. Ruslan fu arrestato e mandato in un gulag ma, rimesso in libertà, ricominciò a fabbricare dischi per i giovani sovietici.

in the late 70’s, a record collector friend acquired a roentgenizdat of the band “Faust”, who (I believe) was a Soviet prog-rock band. So, the roentgenizdat scene was still going on into the 70’s at least

the 70s - The Zone
the book

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
0| intro to the zone

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
1| transit to the zone | stalker | trellick tower/span>

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
2| hacking the zone | bones ‘n’ ribs

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
3| connections in the zone | cannes film festival

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
4| borders in the zone | independent republic of frestonia

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
5| turbulences in the zone | 1975 - 1978

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
6| center of the zone | the electric cinema - london

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone

7| magik in the zone | sympathy for the devil

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone

8| revolution in the zone | international times | the roundhousel

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
9| the zone | a sequence in the mirror | a song in a concert

risograph + letterpress

go to the chapter

The 70s - The Zone
10| stalker in the zone | a river in the north

risograph + letterpress

go to the chapter